Huele a la memoria fermentada
al sigilo de los años
desnudándose en el hábito
del monje.
Hay un volcán en auge
que transpira el vértigo
de verse desnudo
ante las miradas inquisidoras.
Huele al arte desmenuzándose
ante la mirada traviesa de dos enamorados
que gozan de la humedad de la luna
en sus profundas aguas.
Hay un eclipse en auge
que sedimenta el firmamento
para volverlo abrazo;
un abrazo sin límites,
sin la odisea de Tiempo,
sin valores que cercenen lo acordado.
Huele al vuelo del vencejo
en libre caída sobre el gaznate
del terco gigante que se empeña
en darle caza
a sabiendas de que lo extingue.
Hay un mortecino festejo en auge
que se desgañita por desenterrar esqueletos emponzoñados
por la mezquindad del arrepentido
y del cobarde.
Huele a ese cumplido que pasa airoso
entre dos sauces
y prepara la remesa de suspiros
que llevaran a un mismo cauce.
Hay una ventana abierta
al movimiento de su pelo
y allí en aquella oda tan intuitiva
y legible me quedo.
Como capitán de sombras
observo la manada,
su original cortejo
y me apunto a los embistes
que nos hagan más guerreros.
Huele a humildad con su libre albedrío
y las almas atemporales recobran el aliento
para devolver la luz a un bosque tenebroso
repleto de esculturas necesitadas
del roce más romántico.
Huele a sexo
a humus y humedad
al manto sublime y estrellado
que dará vida a un nueva estirpe
de emociones.
Hay una verdad
que sale a flote entre nuestros labios
y sobran las palabras,
es tiempo de volcar los sentidos
y llenar las almas
con el valor de estos amores
que lo aroman todo con los granos de café
y cuyos buchitos van de boca a boca
rellenando nuestros más sublimes placeres.
©DesdeSyrma8.3, 2012
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