Lo sé; acaso me engaño... Tengo muy lejos el mar, junto con su sal, sus embestidas varoniles, su línea titilante en el horizonte, sus corales coloreando cual úteros de vida sus entrañas, sus parturientas desovando con intimidad y letargo, sus caballitos marinos trotando enredados entre sus salvajes algas, sus sonidos que no cesan siendo cuna de nanas y ¡ay, de aquellas islas remotas en las que desembarcábamos nuestras humildes leyendas! Madre: tu voz también fue silenciada... Lo sé, lo sé, claro que lo sé, ¡maldita sea...! he perdido mi cola, mis branquias, la frescura en la piel, el coral de mi pelo, la mirada de pez, los labios besucones tan irresistibles para los tritones, la corteza de mis senos, el salto sobre aquella luna de plata en noches de llena y la desnudez de mis sueños tendidos como un libro abierto. -Oh, libertad, ¿dónde me quedas? Tu azul mirada, tu azul destello. Ni siquiera ...