Amaba danzar y cualquier rincón se convertía en el escenario perfecto para dar rienda suelta a la invención de unos pasos que aterrizaban sobre otros con elegancia y disciplina como si el alma llevara la firme batuta sobre la orquesta de mi alma. Era tan feliz con aquello que todos los problemas se hacían nimios al instante. La belleza me invadía por doquier y me dejaba llevar: libre, ágil, entusiasta, feliz. Soñaba despierta llevando conmigo esa sonrisa traviesa y divertida de esa niña que jamás me abandonó y que liberaba todos los fantasmas posibles de mi corazón. Aquellos fantasmas que me prometieron el oro y el moro para después tirarme a la cuneta y enterrar mis ilusiones bajo un lodo nauseabundo y cruel. Aprendí que mi danza no es para cualquiera que primero y sobretodo danzo para mí y que al hacerlo planto cientos de semillas que germinarán sin esperar nada a cambio, simplemente fluyendo en un vocabulario íntimo. Sí, eso es, danzo, porque amo ponerle movimiento a esta vida que me ha visto nacer en varias ocasiones y que se merece un homenaje como dios manda. Oh, siento que alzo el vuelo, que mis extremidades se vuelven cual plumas y despego, despego...
©DesdeSyrma8.3, 2012
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